Esta ciudad del sur de Croacia cobró aun más protagonismo al ser uno de los lugares elegidos para la filmación de la famosa serie de HBO. Frente a la península italiana y a poca distancia de los Balcanes, despliega todo su esplendor tras combinar playas teñidas por el azul profundo del mar, con un casco histórico rodeado de murallas y fortalezas de antaño.
El tiempo parece haberse detenido. La vista panorámica da cuenta de la peculiar belleza de Dubrovnik: la “ciudad vieja” es un escenario de película, al mejor estilo medieval. Y al llegar a su entrada principal, esta sensación se vuelve aún más intensa. Es que para conocer el casco histórico es necesario atravesar los muros e ingresar por Pile, una puerta de acceso que tiene en su arco a San Blas, el patrón de la ciudad.
Del otro lado, Stradun -la arteria principal cubierta de mármol-, se ha ido puliendo por las pisadas de la historia. Allí el asombro es una constante porque caminar por sus calles es transitar un museo a cielo abierto, lleno de monumentos excepcionales y edificaciones de una calidad arquitectónica inigualable. De forma transversal, las estrechas calles de adoquines atesoran la verdadera magia del lugar: perderse en los recovecos, tomarse un café escuchando música en vivo y reírse del propio cansancio que genera subir miles de escaleras es, sin duda, el mejor plan.
el asombro es una constante porque caminar por sus calles es transitar un museo a cielo abierto, lleno de monumentos excepcionales... perderse en los recovecos, tomarse un café escuchando música en vivo y reírse del propio cansancio que genera subir miles de escaleras es, sin duda, el mejor plan".
Luciana
Los imperdibles
A pesar del terremoto de 1667 y los bombardeos durante la Guerra de los Balcanes en 1991, esta urbe medieval supo reconstruirse y revalorizarse casi por completo. Las paradas obligadas son muchas y el recorrido debe realizarse a pie, ya que el centro de la ciudad - declarado desde 1979 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- se encuentra dentro del perímetro de las murallas y es exclusivamente peatonal.
Por eso, el calzado cómodo no puede faltar, como tampoco unos minutos de descanso. En los días de calor agobiante, lo ideal es hacer una parada en la fuente de Onofrio, no sólo para apreciar su construcción de piedra que data del siglo XV, sino también para aprovechar el agua fresca que emana de las 16 caras de su estructura poligonal.
Otras de las atracciones populares son las catedrales, iglesias y monasterios. Al atravesar sus puertas, la cultura de la ciudad invade cada rincón. Todo llama la atención, cada detalle cuenta una historia y las vicisitudes del pasado dicen -paradójicamente- presente a cada paso.
El recorrido por las murallas y sus cinco fortalezas es otro de los imperdibles de la ciudad. Al ritmo que cada uno prefiera, transitar sus casi 2 kilómetros de longitud y 25 metros de alto es una experiencia única. Cada parada es una excusa para respirar hondo y disfrutar, para inmortalizar en fotos lo que los ojos contemplan, para emocionarse con la inmensidad de los muros de piedra en fusión con el azul del Mar Adriático y el rojizo de los tejados de las casas, tal como si estuviésemos dentro de una obra de arte.
Un paseo por el escenario de Game of Thrones
Dubrovnik se volvió aún más popular luego de haber sido uno de los lugares elegidos para la filmación de la famosa serie de HBO “Game of Thrones”. Allí se ubicó el ficticio “Desembarco del Rey”, conocido como la capital de los siete reinos en la historia que nace de la novela escrita por el autor estadounidense George R.R. Martin.
Para los amantes de la serie, se organizan a diario tours que invitan a realizar un recorrido por las distintas locaciones de algunas de las escenas claves. Así, jugando a ser un protagonista más, los fanáticos transitan lugares emblemáticos de la ficción, conocen anécdotas del rodaje e imitan en sus fotografías, a las escenas originales.
Y si de playas se trata...
Pero aquí no termina el deleite. Dubrovnik es multifacética: por un lado, la historia y la cultura a flor de piel. Por otro, la naturaleza invade cada rincón de su costa. Y es fácil empaparse de la belleza de sus playas, en las que el agua cristalina y las piedras blancas son una marca registrada.
El catálogo es amplio y las hay para todos los gustos. La más accesible y concurrida (ubicada cerca del puerto viejo) es Banje. A simple vista, es una playa de arena artificial con un restaurante muy chic. ¿Qué tiene de excepcional? La posibilidad de relajarse en unos cómodos camastros mientras se contempla, nada más y nada menos, una postal de la ciudad amurallada.
Sveti Jakov es, por el contrario, mucho más agreste y solitaria. Encontrarla a pie no es tan fácil y la posibilidad de conocerla tras arribar en una de las pequeñas embarcaciones que salen desde el puerto viejo, le aporta encanto al paseo. Allí un antiguo muelle completa la escena, donde predomina el azul intenso del mar, las piedras blancas, la arena dorada y por sobre todo, la tranquilidad.
Visitar Dubrovnik es un viaje en el tiempo. Es ser protagonista de un cuento, situado en un escenario medieval. Es entender, desde la experiencia, por qué la llaman “la perla del Adriático”. Porque al recorrerla y vivirla, su encanto se vuelve evidente, su magia se hace presente y su misterio al fin se revela.
Tomá nota:
- Época ideal para visitarla: Para poder disfrutar de sus playas, son recomendables los meses de abril, mayo, septiembre y octubre. Es importante evitar la temporada alta europea (junio, julio, agosto) ya que es casi imposible transitar por la ciudad por la gran cantidad de turistas que llegan en los cruceros para pasar el día.
- Dónde alojarse: Dormir en el centro histórico es encantador, pero también la opción más cara para hospedarse. Fuera del casco viejo existe una amplia oferta de hoteles y de departamentos de alquiler. Muchos de ellos advierten a los visitantes la cantidad de escalones para acceder a los mismos, ya que fuera de las murallas, la ciudad está construida en altura. De todas formas, para quienes no se animan a hacerlo caminando, se puede llegar en taxi y colectivo. Allí, las vistas panorámicas de los balcones no tienen desperdicio.