Mientras se prepara para viajar al Festival de Cine de Málaga, la actriz abre su corazón y repasa su historia más íntima: la presión sobre el cuerpo, los años difíciles y el aprendizaje que la llevó a hablar sin miedo sobre la salud mental.
Leticia Brédice va y viene por el showroom, desde el espejo hacia la cámara. Camina, posa, sonríe y gesticula de manera orgánica y seductora. La escena parece un pequeño backstage de cine, pero en realidad es la antesala de un evento internacional: se está probando distintos looks que Mumi, de Diva Store, armó especialmente para ella. Se ve espectacular con todos, pero tendrá que elegir sólo uno para lucir en el 29° Festival de Málaga, en España, donde en unos días realizarán un homenaje especial a Fabián Bielinsky, el director de Nueve reinas, la multipremiada película argentina que la actriz protagonizó junto a Ricardo Darín y Gastón Pauls.
Mientras desfila y posa para las fotos, la veo desplegar apenas una mínima parte de su talento. Por mi mente se asoma Valeria, ese personaje misterioso y clave en la trama de Nueve reinas; Verónica San Martin, la villana elegante y calculadora de la novela El elegido; y Ana Muro, la seductora y enigmática mujer asesinada en Cenizas del paraíso, del gran Marcelo Piñeyro. Personajes distintos, intensos e inolvidables que ayudaron a construir la trayectoria de una actriz que lleva más de tres décadas dejando huella en el cine y la ficción argentinos.
Pero detrás de la mujer segura que hoy se prueba vestidos para un festival internacional, hay una historia menos visible. Una que durante años transcurrió lejos de las cámaras.
EN LA PIEL DE VALERIA, EL PERSONAJE QUE SE CONVIRTIÓ EN UNA DE LAS PIEZAS CLAVE DE NUEVE REINAS. ESTE CLÁSICO DEL CINE ARGENTINO CUMPLIÓ RECIENTEMENTE 25 AÑOS Y MARCÓ A TODA UNA GENERACIÓN DE ESPECTADORES.
El peso de las miradas
Leticia Brédice es talentosa, exitosa y muy bella. Sin embargo, lo que hoy resulta evidente para mis ojos no siempre fue así para ella. Parte de su recorrido –el más íntimo y silencioso- estuvo durante años alejado de las luces, en un rincón oscuro donde habitaban miedos e inseguridades, donde la estrella cedía lugar a la vulnerabilidad y la angustia.
Leticia también transitó el revés del éxito, ese espacio solitario que los reflectores no iluminan, y vivió en carne propia exigencias y crueldades que nada tenían que ver con su talento ni con su majestuosidad actoral.
“Mi primera película la filmé a los 16 años y ya en ese momento me dijeron: ´Con dos kilos menos, esta falda te quedaría fantástica’. Comencé a tomar anfetaminas, que en ese entonces se vendían en las farmacias muy fácilmente, y llegué a pesar 40 kilos. Después seguí tomándolas muchísimo tiempo, eran parte de mi dieta”, afirma.
Su sueño era actuar, pero el camino se volvió pesado. “Quería ser actriz pero me convertí en alguien obsesionada con adelgazar. Tiraba comida a la basura, perdí la autoestima. Sentía que todo el tiempo estaba siendo mirada”.
En otra oportunidad, recuerda, un productor la descartó por su cuerpo. “Cuando estuve más gordita, bah, con algunos kilos más, me miró y pidió: ´Por favor, traigan otra actriz´. Entonces busqué recetas magistrales, tomé pastillas, hice dietas terribles. En tres semanas volví y el mismo productor dijo: ‘Ahora sí’. Y entendí que lo que me estaba diciendo era que estaba gorda”.
Aprender a reconstruirse
Con el tiempo, Leticia empezó a mirar su historia desde otro lugar. “A nadie le es indiferente el tema del cuerpo. Yo siempre pensaba que tenía que estar más flaca para la cámara. Incluso hoy, siendo una mujer grande, todavía aparece esa sensación”.
La inseguridad por su cuerpo la llevó incluso a perder oportunidades laborales. “Rechacé muchas obras de teatro por sentirme gorda, por pensar que en el escenario no iba a estar cómoda, que iba a ser juzgada por cómo me veía”.
Pero también aprendió algo fundamental. “La enfermedad que yo adquirí – porque es una enfermedad, sin dudas-, me mostró un camino de aprendizaje y superación. Durante mucho tiempo me dio vergüenza hablar, pero hoy lo hago con la verdad”.
Quería ser actriz pero me convertí en alguien obsesionada con adelgazar... La enfermedad que yo adquirí - porque es una enfermedad, sin dudas-, me mostró un camino de aprendizaje y superación".
Volver a empezar
Leticia pudo resignificar sus vivencias, su relato va más allá de la necesidad de contar una experiencia personal. Ella intenta, con su historia, instalar un tema muchas veces silenciado, le habla a quien lo necesite, le cuenta cómo una persona exitosa como ella pudo también pasar por ese infierno físico y emocional. Y cómo lucha aun hoy por salir de ese lugar.
“Siempre se puede volver a empezar. Hay que pedir ayuda, hay que hablar del dolor, de esta necesidad absurda de estar pendiente de cómo los otros quieren que estemos, del tema del cuerpo. Porque no es un chiste, tiene que ver con la salud mental”.
La actriz mira hacia atrás con ternura y sabiduría, comprendiendo a la mujer que fue: “Entiendo que cada sueño tiene su camino. Yo elijo todo el tiempo volver a empezar, tener la humildad y la valentía de pedir trabajo. Sé que estamos pasando una situación dramática en el espectáculo, y no me olvido nunca de agradecer”.
El amor como refugio
Brédice vive su vida como un milagro que valora cada día. “Siempre soñé ser una persona adorada, quería ser una estrella. Hoy recibo mucho cariño y un respeto enorme de la gente en la calle y eso me emociona. Por suerte, siempre tuve a mi lado personas que me ayudaron. Y de la gente que no fue buena conmigo, también aprendí”.
Leticia mira su realidad con sabiduría. “Esta profesión me enseño a tener fe y a comprender que las cosas no vienen inmediatamente. Aprendí que cuanto más feliz estoy, más disciplinada soy en el trabajo. Y sobre todo, aprendí a valorar mi cuerpo, mi salud mental y emocional, a poner límites, a decirle al otro ´che, pará, no me hables así, me duele, es un montón’. Porque los cuerpos son como son: la cola, la panza, las piernas, los brazos… eso no importa. Lo importante es quién sos de corazón, quién querés ser, hacia donde va tu talento, tu alegría, tus ganas de bailar”.
Entonces, aparece la frase que mejor resume su presente: “Hoy me elijo, hablo con la verdad, soy la mujer que quiero ser”. Con la sinceridad de quien atravesó sus propias sombras, Leticia Brédice se reconcilió con su historia y transformó su experiencia en un mensaje de amor.
Seguimos en el showroom pero el ambiente es distinto. La mujer real vuelve a pararse frente al espejo. Se prueba otro vestido, se mira y sonríe. Su imagen refleja un brillo más potente, se la ve tranquila, igual de bella, más liviana. Aún no decide qué look llevará, pero lo que decidió hace tiempo es mucho más importante: eligió sanar.-
JUNTO A MARINA POSSE, CODIRECTORA DE CAMBIO DE AIRE, DESPUÉS DE UNA CHARLA PROFUNDA EN LA QUE LA ACTRIZ ABRIÓ SU CORAZÓN PARA HABLAR DE SU HISTORIA Y SUS APRENDIZAJES.
De la autora: Gracias Leticia por la nota y, sobre todo, por la confianza.
Dónde pedir ayuda:
Si vos o alguien cercano está atravesando una situación similar, es importante saber que hay ayuda. En Argentina se puede contactar al Centro de Asistencia al Suicida (135 o 5275-1135) o a la línea nacional de Salud Mental (0800-999-0091). También existen organizaciones especializadas en trastornos alimentarios como ALUBA.


