Si ya caminaste por los senderos del vino, la ciudad capital guarda rincones fascinantes donde el paisaje, la historia y la buena gastronomía se fusionan.
Después de recorrer infinidad de viñedos decidí cambiar el eje de mi viaje y mirar a Mendoza desde otra perspectiva. Si ya caminaste por los senderos del vino, la provincia guarda rincones fascinantes.
Te comparto tres paradas obligatorias que descubrí en mi última escapada y que renovaron por completo mi amor por esta tierra.
1-El Faro Bistro: alta cocina con vistas panorámicas
Mi recorrido comenzó elevándome literalmente sobre la ciudad. Ubicado en el piso 14 del Hotel Tower Suites en pleno corazón de la ciudad mendocina, El Faro Bistro ofrece una experiencia donde la alta cocina mendocina compite palmo a palmo con la postal que se asoma por sus enormes ventanales.
Apenas me senté, la imponente Cordillera de los Andes dominando el horizonte me dejó sin palabras. Disfruté de un menú de pasos maridado a la perfección, donde cada plato rescata productos regionales con una vuelta de tuerca gourmet. Almorzar contemplando la ciudad en una vista 360 era lo que buscaba.
2. Parque General San Martín: ferias urbanas y un clásico infaltable
Dejé atrás la sofisticación para sumergirme en el pulso cotidiano y verde de la ciudad. El Parque General San Martín —un pulmón vibrante que invita a caminar sin apuro— fue mi siguiente parada.
El verdadero imán de este paseo son sus tradicionales ferias artesanales, un despliegue de color, texturas y talento local donde es imposible no tentarse con llevarse un recuerdo. Pero mi momento consagratorio llegó al mediodía: hice una pausa obligada en uno de los puestos emblemáticos para comerme un legendario sándwich de jamón crudo recién armado, con pan crujiente y abundante producto de primera calidad. Un manjar simple, callejero y profundamente reconfortante.
3- Cerro de la Gloria: Historia y la mejor postal de Mendoza
Para cerrar este recorrido, busqué el punto histórico y visual más alto: el Cerro de la Gloria. Subir hasta la cima es un ritual que emociona. Allí se erige el majestuoso monumento al Ejército de los Andes, una obra de Juan Manuel Ferrari que rinde homenaje silencioso a la gesta sanmartiniana.
Desde la plataforma, con el monumento a mis espaldas, obtuve la panorámica definitiva de Mendoza: una cuadrícula perfecta de verde intenso arbolado que contrasta con la aridez mendocina, todo custodiado por el imponente cordón montañoso. Ver caer la tarde desde ese mirador histórico fue la forma perfecta de entender que Mendoza es mucho más que sus bodegas: es altura, memoria y sabor en estado puro.


