Porto Alegre, Florianópolis y Curitiba combinan vuelos directos con itinerarios de pocos días entre playas, viñedos, ciudades históricas, recorridos por la Mata Atlántica y una amplia oferta gastronómica y cultural. En Santa Catarina, comienza la temporada alta de observación de la ballena blanca.
En menos tiempo del que dura el vuelo de Buenos Aires a algunos de los destinos más conocidos de la propia Argentina, es posible llegar a Porto Alegre (Rio Grande do Sul), Florianópolis (Santa Catarina) o Curitiba (Paraná). A unas dos horas de distancia, estos tres destinos brasileños abren rutas diferentes por el sur de Brasil, entre playas rodeadas de Mata Atlántica, valles de viñedos, cañones, centros históricos y cocinas moldeadas por distintas comunidades.
La cercanía se refleja en el movimiento de los aeropuertos. Durante el primer semestre de 2026, la llegada de argentinos por vía aérea a la Región Sur creció un 26,19% en comparación con el mismo período del año anterior. Santa Catarina avanzó un 25,39%, mientras que Rio Grande do Sul registró el aumento más significativo, del 153,72%.
La oferta aérea acompaña la demanda. Para este año, la previsión indica un aumento del 29,35% en los vuelos de Buenos Aires a Porto Alegre, del 1,56% a Florianópolis y del 3% a Curitiba. Actualmente, la capital de Rio Grande do Sul recibe, en promedio, 12 frecuencias semanales, mientras que Florianópolis cuenta con siete y Curitiba, con cuatro. Las rutas operan durante todo el año, con salidas desde Ezeiza y el Aeroparque Jorge Newbery, y pueden sumar nuevas operaciones según la demanda y la incorporación de servicios estacionales.
El tiempo de viaje hasta estas capitales es más corto que el de vuelos desde Buenos Aires hacia destinos como Bariloche, El Calafate y Ushuaia. En el sur de Brasil, el visitante puede pasar de una capital a una comunidad pesquera, de un antiguo barrio industrial a un valle de viñedos o subir a un tren rumbo a la selva. Cinco días permiten conocer la ciudad elegida y sumar una localidad cercana sin convertir el itinerario en una sucesión de traslados.
Florianópolis reúne playas, cultura azoriana, arte urbano, cicloturismo y avistamiento de ballenas francas. Porto Alegre lleva hacia la Serra Gaúcha, mientras que Curitiba conecta parques, gastronomía de distintos orígenes, la Serra do Mar, Morretes y la Ilha do Mel. Entre julio y diciembre, estas posibilidades acompañan el cambio de las estaciones. El invierno pone en valor los vinos, la gastronomía, la programación cultural y los paisajes de montaña. En primavera, cobran fuerza los senderos, los parques y los recorridos en bicicleta. Con la llegada del verano, el litoral adquiere mayor protagonismo y amplía las combinaciones entre ciudad, selva y mar.
El encanto del sur de Brasil está en la variedad de paisajes, culturas y experiencias reunidas en un viaje internacional corto.
Florianópolis: temporada de ballenas
El océano casi nunca desaparece por completo en Florianópolis. Jurerê, Ingleses, Joaquina y Campeche se encuentran entre los nombres más familiares para los argentinos. Y en esta época del año, son escenario de uno de los espectáculos naturales más bellos de Brasil: la llegada de las majestuosas ballenas francas a la costa sur del estado.
Cada año, entre julio y octubre, estas gigantes del mar recorren miles de kilómetros desde las frías aguas de la Antártida para encontrar refugio en las tranquilas ensenadas entre Laguna, Imbituba y Garopaba, donde dan a luz y amamantan a sus crías. Por eso esta región es conocida como la Ruta de la Ballena Franca.
El litoral sur catarinense está hoy reconocido internacionalmente como cuna de esta ballena, y ha sido escenario de iniciativas de conservación destacadas por instituciones como el Instituto Ballena Franca y el Proyecto Ballena Franca.
Florianópolis, la encantadora capital insular, es el principal punto de apoyo para los aventureros que desean explorar esta ruta natural. Desde allí se puede realizar un safari para ver de cerca a estos gigantes en su hábitat natural. Todo el recorrido de observación de ballenas se realiza por tierra, ya que la actividad por barco está suspendida para estudios de impacto ambiental desde 2013. La temporada perfecta para vivir esta experiencia es entre julio y octubre, con su punto álgido en septiembre, cuando las ballenas francas dominan las aguas del litoral catarinense.
Historia y cultura
Además de su exuberante belleza, Florianópolis guarda también profundas memorias de una cultura marcada por siglos. Y el recorrido invernal por Santa Catarina tiene otros atractivos. En Santo Antônio de Lisboa, la herencia portuguesa aparece en las casonas antiguas, las pequeñas iglesias, los talleres de artistas y los restaurantes frente a la bahía. Al atardecer, los barcos cruzan el agua mientras en las mesas de la costanera se sirven pescados, mariscos y otros sabores del litoral. Más al sur, Ribeirão da Ilha mantiene vivo su vínculo con la pesca y la maricultura. Cultivadas en las aguas cercanas, las ostras se sirven en restaurantes administrados por familias que conservan, en la comida, la arquitectura y el trabajo, parte de la memoria local.
Un paseo por el centro de la ciudad permite conocer su riquísima historia. En un recorrido guiado entre el Largo da Catedral y la Praça XV se pueden ver murales dedicados a personajes históricos y a temas relacionados con el océano, las comunidades tradicionales y las transformaciones urbanas. Es una manera de observar la ciudad sin el filtro habitual de las playas y los miradores.
En el sur de la isla, los circuitos en bicicleta atraviesan Campeche, Morro das Pedras, Armação, Lagoa do Peri y Pântano do Sul. Senderos sencillos, caminos locales, playas y pequeñas propiedades acercan al viajero a comunidades que suelen estar poco presentes en los itinerarios convencionales.
Para desplazarse entre regiones alejadas se recomienda alquilar un auto o usar aplicaciones de transporte o traslados privados, que ofrecen mayor flexibilidad. El transporte público cubre la isla, pero deben considerarse las distancias y el tránsito, sobre todo hacia finales de año.
El vuelo directo desde Buenos Aires dura unas dos horas y es operado por Gol, JetSmart, FB Líneas, Latam y Aerolíneas Argentinas.
Porto Alegre: entre el río Guaíba y los viñedos de la Sierra
Parte de la vida de Porto Alegre transcurre frente al río Guaíba. Al atardecer, ciclistas, corredores y familias contemplan el cambio de la luz sobre el agua, muchas veces con un termo y un “chimarrão” (el mate típico de los gaúchos). En el centro histórico, el Mercado Público, los museos y los espacios culturales acercan al visitante a los sabores, la música, la literatura y las tradiciones gaúchas.
La ciudad también revela su pasado industrial. En el 4º Distrito, antiguas fábricas, depósitos y barrios obreros comenzaron a convivir con cervecerías artesanales, proyectos culturales y nuevos espacios gastronómicos. Los recorridos a pie recuperan la memoria del barrio y muestran cómo parte de ese patrimonio adquirió nuevos usos.
Al salir de la capital rumbo a la Serra Gaúcha, el tejido urbano da paso a valles, pequeñas haciendas y una serie de viñedos. Bento Gonçalves, Garibaldi y Monte Belo do Sul forman parte de una región donde la inmigración italiana dejó huellas en la arquitectura, las fiestas, las recetas y la producción de vino. Bodegas familiares y emprendimientos de mayor escala reciben a los visitantes para realizar degustaciones, caminar entre viñedos y disfrutar de comidas con pastas, quesos y embutidos.
La gastronomía de la sierra se extiende más allá de las bodegas. En São Francisco de Paula, las preparaciones lentas sobre fuego de suelo reúnen carnes, vegetales, productos locales y música en un espacio rodeado de bosque, senderos, un lago y cascadas. El humo, el calor de las brasas y el ritmo pausado de la cocina forman parte de la comida tanto como los ingredientes.
En cinco días, Porto Alegre y Bento Gonçalves conforman una combinación cómoda. Se pueden dedicar dos días a la capital y otros dos a la región de los vinos, dejando tiempo suficiente para los traslados. Los autobuses conectan las ciudades, pero el automóvil, el traslado privado o una excursión facilitan los desplazamientos entre las propiedades rurales.
El vuelo desde Buenos Aires dura aproximadamente 1 hora y 40 minutos y es operado por Gol, Aerolíneas Argentinas y Latam.
Curitiba: de la vida urbana a la selva y el mar
Curitiba se revela por capas. La primera impresión puede surgir de sus parques. Pero no se trata sólo de paisajes de postal. El Jardim Botânico, Tanguá y Barigui forman parte de la rutina de quienes corren, andan en bicicleta, caminan o buscan una pausa a mitad del día. La arquitectura añade otra dimensión, desde el Museu Oscar Niemeyer hasta las plazas, iglesias y construcciones del centro histórico.
Las diferentes comunidades que contribuyeron a formar la capital también se hacen presentes en la mesa. Confiterías, ferias, mercados y restaurantes conservan recetas de origen italiano, polaco, ucraniano, alemán y japonés, mientras una nueva generación de cocineros reinterpreta esas referencias con ingredientes de Paraná.
Más allá de la ciudad, una de las experiencias más memorables comienza sobre rieles. El tren de la Serra do Mar atraviesa puentes, túneles, valles y laderas cubiertas por la Mata Atlántica hasta llegar a Morretes. Durante unas cuatro horas, el trayecto se convierte en una de las experiencias centrales del itinerario. En la ciudad histórica, un plato típico espera a los visitantes: el barreado, que se prepara lentamente en una olla de barro y se sirve con harina de mandioca y banana.
Morretes funciona bien como excursión de un día, con regreso a Curitiba por ruta. En un itinerario de cinco días también se puede continuar hasta la Ilha do Mel. El acceso más rápido pasa por Pontal do Sul, a unas dos horas de la capital, seguido de una travesía en barco de aproximadamente 30 minutos.
El vuelo directo desde Buenos Aires dura unas 2 horas y 10 minutos y es operado por Aerolíneas Argentinas.
Con vuelos cortos y experiencias que cambian en cada destino, Porto Alegre, Florianópolis y Curitiba invitan a conocer el sur de Brasil en pocos días, entre ciudades, sierra, selva, cultura, mar y excelente gastronomía.
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